lunes, 3 de noviembre de 2014

Hasta luego, Lucas.

Hace ya dos semanas que intento escribir algo. Me he dado unos días pero me doy cuenta de que hay muchas palabras a las que les duele salir, así que continuaré con lo que tengo.

Te conocí cuando hacía una semana que había cumplido los 16 años, en un momento personal muy tambaleante. Ya por aquel entonces fuiste una inspiración, una cuerda a la que me agarré para salir de mi pozo particular.
Me enseñaste, a mí y a los que tuvieron la suerte de ser tus alumnos unos días, que la risa es el bien más preciado del ser humano. Y que nos iba a costar encontrarla. "Hacer drama es muy fácil, pero si queréis hacer comedia vais a tener que trabajar el doble. Si hay algún vago en la sala, ya se puede ir yendo", dijiste. Los retos son lo mío, y después de ese día empecé a sentir curiosidad. Nos ayudaste a reírnos de nosotros mismos. "El público disfruta viendo sufrir al actor en el escenario, en eso se basa la comedia. Y para que el público se ría de vosotros, lo primero que tenéis que aprender es que hay que saber reírse de uno mismo para hacer reír a los demás." 
Gracias a esos pequeños ejercicios de ridículo personal empecé a tener confianza en mí misma, y es algo que nunca me cansaré de agradecerte.

Años después de este primer encuentro, en 2009, asistí a mi primer curso enteramente contigo en Avilés.
"Chicos, aquí vais a tener que traer deberes hechos cada día. Antes de salir de casa todos los días a partir de hoy, tenéis que pintaros la nariz, y no vale pintarse algo que parezca accidental como un punto o una raya. Hay que hacer un dibujo, algo que se vea, algo mínimamente elaborado. En el camino de vuestra casa aquí, fijaos en la gente que pasa por la calle o que os encontráis en el autobús. Si os miran, si se ríen, si os preguntan algo. Es importante que si alguna persona os dice cualquier cosa actuéis con normalidad, como si no llevaseis nada. Lo que tenéis que hacer es, una vez que nos veamos y nada más llegar, contarme con todo detalle las reacciones de la gente."
El primer día y con cierto recelo yo me pinté una mariposa. Recuerdo que todo el mundo por la calle me miraba, unos con extrañeza, otros con curiosidad. Pero sin duda lo que más recuerdo es la sonrisa de diez o doce personas dentro de los cientos que me cruzaría en todas partes esos días.
"Pensad en lo que habéis experimentado. ¿A que es reconfortante ver una media sonrisa en esa señora que pasaba por la calle? ¿O en ese niño que tímidamente reía y se escondía detrás del brazo de su madre? Eso es ser clown. Alegrar el día de las personas. Que tengan ganas de llorar, pero que por un momento se olviden de lo que les producía tristeza. Haced reír a la gente como auténticos professionals."


Esto son sólo extractos de las muchas cosas que aprendí de ti, después de todo siete años dan para muchas cosas.
Gracias por descubrirme que lo mejor de este mundo es arrancar una sonrisa. Gracias a ti (o por tu culpa) siempre seré una payasa orgullosa que disfruta al máximo haciendo reír, llevando felicidad en pequeños saquitos. Es cierto que hacer comedia es el doble de difícil, pero es el triple de reconfortante. Nunca te agradeceré lo suficiente que me mostrases ese mundo de locos del que me declaro abiertamente adicta.

Nunca fuiste mi profesor, siempre fuiste mi maestro.
Se ha ido un poco de la alegría de este mundo.



Gracias Mario por encontrar a Lucas.


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